“El empleo en el sector turístico está marcadamente de manera estructurada en función del género; las desigualdades globales que favorecen una oferta de trabajo de bajos salarios”

A pesar del creciente interés que suscita el turismo como potencial para el desarrollo son escasos los estudios dedicados a abordar las dimensiones sociales y, en particular las de género.
Al igual que sucede con otros sectores, la estructura de trabajo y del empleo en el sector turístico muestra profundas desigualdades por razón de género, etnia, clase y nacionalidad.
De hecho, el turismo, como estrategia de desarrollo, ha recibido escasa atención por parte de aquellas personas interesadas en la justicia social global y en combatir las desigualdades. (Una  excepción es la ONG Tourism Concern).
A pesar de que existen abundantes investigaciones sobre impacto ambiental del turismo, son escasos los estudios dedicados a las dimensiones sociales enfocados al género del turismo como estrategia de desarrollo.
Generalmente, los aspectos de género son abordados desde el turismo sexual, omitiéndose otras dimensiones y matices sobre sus dinámicas en los ámbitos de la producción y el consumo del turismo.
Las personas encargadas del diseño de las políticas turísticas defienden cada vez más que este sector no solo puede contribuir al desarrollo en general, sino que también aportan al tercer OBJETIVOS DEL DESARROLLO DEL MILENIO (ODM): Fomentar la igualdad de género y el empoderamiento de las mujeres. No obstante, hasta la fecha no hay muchos indicios de que se haya llevado a cabo con exigencia.
En los debates internacionales sobre políticas de desarrollo emerge un discurso sobre el potencial del turismo para fomentar la igualdad de género y el empoderamiento de la mujer.
El empleo en el sector turístico está marcadamente estructurado en función del género y, como sucede en otras industrias, las desigualdades globales en este sentido favorecen una oferta de trabajadoras receptoras de muy bajos salarios y sometidas altos niveles de flexibilidad y precariedad laboral.
Por lo tanto puedo afirmar que el turismo tiene el potencial de contribuir al 3 ODM, promover la igualdad de género y empoderamiento a las mujeres.
Además puedo decir que el turismo ofrece la posibilidad de una interacción más profunda con otras culturas, en comparación con el trabajo de una fábrica, dado que las trabajadoras tienen que relacionarse cara a cara con los clientes del ámbito global, tanto en el trabajo como en sus comunidades.
Los estudios existentes en comunidades dedicadas al turismo siguen mostrando profundas desigualdades en términos de género, etnia, clase y nacionalidad. Si bien es cierto, que algunas mujeres han logrado mejoras personales con respecto a su independencia económica, esta industria sigue estando mayoritariamente dominada por los hombres.
Finalmente, el género en las políticas de turismo se beneficiaría de un debate más abierto sobre el tipo de empoderamiento deseable y factible. El empoderamiento económico a través del trabajo en el turismo no tiende a incidir de manera significativa en las relaciones de poder que subyacen a una relativa mejora de las condiciones económicas. La posibilidad de mantener un debate más abierto permitiría que los temas referentes a género y políticas de turismo trascendieran las conceptualizaciones rígidas y mercado y que surgieran líneas más creativas e innovadoras para lograr el tercer ODM. En esta era de incertidumbre económica global se nos presenta la oportunidad de reconsiderar los valores y procesos. Las ideas y políticas que aporta el feminismo tienen un importante papel que jugar en este sentido, y ofrecen el potencial para un reformulación de los debates sobre las políticas a poner en marcha y para agilizar un cambio verdaderamente transformador.

Un abrazo,
Marta Lorenzini, Founder Ayllutures